Necesito ponerme en orden a mí
misma.
Adivinar, por qué y para qué, porque si no, me estaría
dejando llevar como las olas por la marea.
El decisor de mi marea sin
duda es Dios, así lo acepto, pero no puedo vivir por vivir.
Todo lo que me ocurre está
desordenado. Hay caos por todos lados y yo, me siento, una pieza más de ese
caos, aunque mientras que no soy una pieza, soy la protagonista de esta
historia a la vez.
¿Por qué soy en ese entorno “uno
más” y a la vez sé y siento, que puedo estar al mando del timón?
¿Por qué diseñé ser solo uno
de los personajes terciarios, haciendo lo que hacían para mí? ¿Qué tengo que
aprender en esa Universidad y para qué?
¿Humildad?, ¿ No ser el
buque insignia de mi padre? ¿No ser por primera vez en mi vida la primera, sino
menos aún que la última?
Apunté, en esa libreta
que no encuentro, por más que la busco y a la que incluso dediqué un poema
anoche, tantas cosas que debo poner en orden porque son la respuesta
al por qué:
- Fuiste el Buque insignia siempre, pero pasando incluso por encima de ti misma
- Es una oportunidad para dedicarte a ti y a no ser la primera
- La historia griega de la abuela que escupía por encima de la cabeza de su nieto, para señalar que no debían subírsele los aires o lo que se hace con las criaturas al nacer de decirles adjetivos calificativos desagradables, para protegerles haciéndoles tomar su lugar
- Esa palabra que no recuerdo que describe lo que estaba prohibido y simboliza el no poder hacer nada que te haga parecido a los Dioses
- Por tanto, el no poder ser diosa omnipotente, porque mis poderes están limitados y realmente no tengo ninguno. Si me he comportado como Diosa dadora y todo poderosa, ha sido pasando por encima de mi misma
Y me decía tantas cosas más,
tantas respuestas al por qué. Pero esa libreta fue tragada por la tierra y no
entiendo nuevamente por qué.
¿Será una prueba de humildad,
para poder salir de allí y volar libre como todos los pájaros para hacer nidos
grandes e imponentes en donde solo yo misma pueda decidirlo?
Allí, solo hay jovencitas
con cara de adolescente, quienes no visten uniforme de escuela con calcetines
hasta la rodilla, pero sin hacerlo, así aparecen en el consciente y en el subconsciente
de los adultos que allí se ganan el pan de cada día.
Yo no soy una de ellas, ni quiero
serlo, pero entre ellas, me siento una raza diferente, que cayó del cielo, casi
sin avisar y ya no tiene ni siquiera sitio.
Está allí, no sé para qué,
transitoriamente.
Debes aprender a hacer lo
que se te pida y no dar más ni menos. A marcharte y dividir tu vida en dos partes, la mañana y la tarde.
Nunca antes hice esa división
y no sé hacerla.
He siempre sido TODO, he
dado todo, he pedido todo.
Ahora ya, soy, incluso menos
que una de esas chicas de escuela y debo con “humildad” aprender a aceptarlo.
Pero aunque es parte de la
lección, toca mi alma.
Me siento, como una pieza
diferente, que allí no encaja.
Como cuando se pierde una
pieza y hay que armar el lego o el puzzle y se recorta algo malamente y se pone
allí para que ocupe ese espacio.
Pero aún más, en este caso
no hay ni siquiera espacio.
Necesito existir en mi papel
de mujer que trae dinero a casa, necesito traerlo y traerlo y volverlo a traer.
Pero no es el sitio donde
quiero estar.
Porque he llegado de
entrometida, a querer hacerme un lugar que ya no hay para mí. Y las horas
aunque menos, son muchas para estar allí cada día, a ese sitio donde ya no
pertenezco más.
Sin embargo, me posee la desesperación
al ver todo lo que debemos pagar por esa criatura primeriza a quien hay que
pagarle profesoras privadas incluso para respirar.
Quiero la sencillez, pero ser
madre me impide tenerla.
Estoy en una prisión, de la
cual sí que no puedo escapar. Es una prisión con altísimos costos que debo
mantener.
Gracias, gracias, gracias.
Por tener un trabajo y traer
dinero a casa.
Debería estar agradecida y
sin embargo, tener que estar allí me recuerda que da igual lo que sepa, lo que
yo sea, lo que yo desee, todo da igual, solo soy una diminuta pieza.
Y nuevamente debo recordar
que estoy aprendiendo quizás: “humildad”, a hacer las cosas sin que sean perfectas,
limar mi honestidad al cubo y convertirla solo en honestidad.
Pero es que fui hecha con
molde de buque insignia. ¡Cómo hacerme ahora, casi invisible!
Olvidé hace muchos años,
trabajar la madera directamente con mis manos. Ya no sé esculpir, no sé
hacerlo.
Amo liderar, inventarme
estrategias, crear , ser artista también, en el mundo de los negocios.
Más ya no tengo ni un solo
escultor o labrador de madera a mi cargo. Ahora soy yo todo. Ahora quien crea,
no soy yo, soy el obrero que hace exactamente lo que el amo le ordena.
¿Qué debo hacer entonces?
Ya recuerdo una de las cosas
que me decía: “callar”, a menos que se me pregunte directamente.
Es decir, que mi esencia
creadora, también en el mundo de los negocios, debo mutilarla, cuando esté allí
y dedicarla solo a crear fuera de allí.
¿Pero cómo puedo hacerlo, si
por donde pase, yo voy teniendo ideas?
Esa soy yo, pero ya no puedo
serlo más allí.
Debo dedicarme cada día 7
horas, ni más ni menos, a esculpir calladamente.
Será la misma lección que el
abuelo de Karate Kid le enseñaba a su nieto cuando lo mandó a limpiar el coche.
¿Será que debo tener la
mente en blanco 7 horas?, callada, inmóvil , solo esculpiendo lo que se me ha
ordenado.
Tal vez debo dejar que todo
se haga como lo decidan los superiores y aunque yo sepa y vea as piezas que faltan, debo
callar y seguir esculpiendo y construyendo solo la figura que ellos me ordenan,
sin siquiera tallar un diminuto detalle que sale de mi alma.
Pasé de creadora a pieza del
proceso productiva en fábrica.
Ahora solo me dedico a
seleccionar las piezas defectuosas. O incluso a menos que eso, a limpiar la
máquina de producción.
Y sabiendo, sabiendo el cómo,
estando dispuesta a seguir apasionadamente dándolo todo, no debo dar, más que 7 horas de humilde costurera, con patrón
entregado en manos. No puedo siquiera escoger el color de la tela.
¿Y qué hago allí entonces,
si mi esencia es crear y ser la capitana de barco?
Dime Dios, dímelo con más
claridad: ¿por qué?
Y me decía también, que tal
vez es un regalo todo lo que me pasa, porque ahora todas las energías las
necesito solo para mi.
Más, ¿cómo aprendo a ser
solo de la clase obrera, si nunca lo fui solo por mi esencia?
No sé cómo hacerlo. ¿Será
que todo necesita un entrenamiento?
7 horas de silencio absoluto,
tallando lo que debo dejar listo antes de marcharme.
Entre más silencio haga,
antes me dejarán ir.
No abrir mi boca, dejar de
acercarme a las personas a darles consejos que no me han pedido.
Solo ir, llenar una jarra de
mucha agua y poner un vaso a su lado. O mejor, comprar una botella de agua
mineral de las de color azul y poner como objetivo de cada día, beber de esa
botella, cada vez que una palabra quiera salir de mi boca.
Tal vez ponerme objetivos
claros, pueda ser de ayuda, para esta mente bailarina, que danza de aquí a allí
sin parar y que no sabe estar sin crear.
Debo mutilarme allí y sacar
las alas tan pronto parta.
Dios, ayúdame a poder
hacerlo, porque mi primera escuela “Cantaclaro” mi colegio de niña, me hizo
poeta, pero también creativa en todo lo que hago.
Ayúdame señor, a ponerme un
costal o saco de patatas para ir allí cada mañana y ser la pordiosera que nadie
ve. Te lo imploro Señor.
Creo que debo aprender:
- A dar justo lo que se me pide y no más
- A contenerme y dejar de creer que debo cambiar el mundo
- A darme a mí, cada vez que quiera dar a los demás
- A callar y morder mi lengua cada vez que quiera mi ego opinar
- A aprender a ser la mujer invisible
Y mi intuición me dice que
cuando haya aprendido todo ese, podré partir
Será una práctica dura, pero
debo comenzar.
Creo que todo esto que
escribo, es lo que quedó en mí sentir, en mi mente, en mi alma después de
hablar con el Dr. Luis Galdona el viernes.
La libreta no aparece, se
esconde. También se hizo invisible, para enseñarme, que debo aprender a no necesitar ser vista, escuchada, observada.
A hacer las cosas sin
esperar aplausos a cambio.
A recordar a cada instante,
como dice mi amiga, que dice el Padre Munilla: que “mi único Público es
Dios”.
Guauuuuu.. Alba......
ResponderEliminarHay que disfrutar ante todo y por encima de todo....
Tengo un cartel en mi otra casa.... disfrutar de la vida es hacer sin obligación..
..para ti mi aportación del.día de hoy....besos de quien te quiere...desde al lado del mar..... Bendiciones
Guauuuuu.. Alba......
ResponderEliminarHay que disfrutar ante todo y por encima de todo....
Tengo un cartel en mi otra casa.... disfrutar de la vida es hacer sin obligación..
..para ti mi aportación del.día de hoy....besos de quien te quiere...desde al lado del mar..... Bendiciones