domingo, 1 de mayo de 2016

Capítulo VI: Humildad y silencio- Del palco a pordiosera


Necesito ponerme en orden a mí misma.

Adivinar,  por qué y para qué, porque si no, me estaría dejando llevar como las olas por la marea.

El decisor de mi marea sin duda es Dios, así lo acepto, pero no puedo vivir por vivir.

Todo lo que me ocurre está desordenado. Hay caos por todos lados y yo, me siento, una pieza más de ese caos, aunque mientras que no soy una pieza, soy la protagonista de esta historia a la vez.

¿Por qué soy en ese entorno “uno más” y a la vez sé y siento, que puedo estar al mando del timón?

¿Por qué diseñé ser solo uno de los personajes terciarios, haciendo lo que hacían para mí? ¿Qué tengo que aprender en esa Universidad y para qué?

¿Humildad?, ¿ No ser el buque insignia de mi padre? ¿No ser por primera vez en mi vida la primera, sino menos aún que la última?

Apunté, en esa libreta que no encuentro, por más que la busco y a la que incluso dediqué un poema anoche,  tantas cosas que debo poner en orden porque son la respuesta al por qué:

  • Fuiste el Buque insignia siempre, pero pasando incluso por encima de ti misma
  • Es una oportunidad para dedicarte a ti y a no ser la primera
  • La historia griega de la abuela que escupía por encima de la cabeza de su nieto, para señalar que no debían subírsele los aires o lo que se hace con las criaturas al nacer de decirles adjetivos calificativos desagradables, para protegerles haciéndoles tomar su lugar
  • Esa palabra que no recuerdo que describe lo que estaba prohibido y simboliza el no poder hacer nada que te  haga parecido a los Dioses
  • Por tanto, el no poder ser diosa omnipotente, porque mis poderes están limitados y realmente no tengo ninguno. Si me he comportado como Diosa dadora y todo poderosa, ha sido pasando por encima de mi misma

Y me decía tantas cosas más, tantas respuestas al por qué. Pero esa libreta fue tragada por la tierra y no entiendo nuevamente por qué.

¿Será una prueba de humildad, para poder salir de allí y volar libre como todos los pájaros para hacer nidos grandes e imponentes en donde solo yo misma pueda decidirlo?

Allí, solo hay jovencitas con cara de adolescente, quienes no visten uniforme de escuela con calcetines hasta la rodilla, pero sin hacerlo, así aparecen en el consciente y en el subconsciente de los adultos que allí se ganan el pan de cada día.

Yo no soy una de ellas, ni quiero serlo, pero entre ellas, me siento una raza diferente, que cayó del cielo, casi sin avisar y ya no tiene ni siquiera sitio.

Está allí, no sé para qué, transitoriamente.

Debes aprender a hacer lo que se te pida y no dar más ni menos. A marcharte y dividir  tu vida en dos partes, la mañana y la tarde.

Nunca antes hice esa división y no sé hacerla.

He siempre sido TODO, he dado todo, he pedido todo.

Ahora ya, soy, incluso menos que una de esas chicas de escuela y debo con “humildad” aprender a aceptarlo.

Pero aunque es parte de la lección, toca mi alma.

Me siento, como una pieza diferente, que allí no encaja.

Como cuando se pierde una pieza y hay que armar el lego o el puzzle y se recorta algo malamente y se pone allí para que ocupe ese espacio.

Pero aún más, en este caso no hay ni siquiera espacio.

Necesito existir en mi papel de mujer que trae dinero a casa, necesito traerlo y traerlo y volverlo a traer.

Pero no es el sitio donde quiero estar.

Porque he llegado de entrometida, a querer hacerme un lugar que ya no hay para mí. Y las horas aunque menos, son muchas para estar allí cada día, a ese sitio donde ya no pertenezco más.

Sin embargo, me posee la desesperación al ver todo lo que debemos pagar por esa criatura primeriza a quien hay que pagarle profesoras privadas incluso para respirar.

Quiero la sencillez, pero ser madre me impide tenerla.

Estoy en una prisión, de la cual sí que no puedo escapar. Es una prisión con altísimos costos que debo mantener.

Gracias, gracias, gracias.

Por tener un trabajo y traer dinero a casa.

Debería estar agradecida y sin embargo, tener que estar allí me recuerda que da igual lo que sepa, lo que yo sea, lo que yo desee, todo da igual, solo soy una diminuta pieza.

Y nuevamente debo recordar que estoy aprendiendo quizás: “humildad”, a hacer las cosas sin que sean perfectas, limar mi honestidad al cubo y convertirla solo en honestidad.

Pero es que fui hecha con molde de buque insignia. ¡Cómo hacerme ahora, casi invisible!

Olvidé hace muchos años, trabajar la madera directamente con mis manos. Ya no sé esculpir, no sé hacerlo.

Amo liderar, inventarme estrategias, crear , ser artista también, en el mundo de los negocios.

Más ya no tengo ni un solo escultor o labrador de madera a mi cargo. Ahora soy yo todo. Ahora quien crea, no soy yo, soy el obrero que hace exactamente lo que el amo le ordena.

¿Qué debo hacer entonces?

Ya recuerdo una de las cosas que me decía: “callar”, a menos que se me pregunte directamente.

Es decir, que mi esencia creadora, también en el mundo de los negocios, debo mutilarla, cuando esté allí y dedicarla solo a crear fuera de allí.

¿Pero cómo puedo hacerlo, si por donde pase, yo voy teniendo ideas?

Esa soy yo, pero ya no puedo serlo más allí.

Debo dedicarme cada día 7 horas, ni más ni menos, a esculpir calladamente.

Será la misma lección que el abuelo de Karate Kid le enseñaba a su nieto cuando lo mandó a limpiar el coche.

¿Será que debo tener la mente en blanco 7 horas?, callada, inmóvil , solo esculpiendo lo que se me ha ordenado.

Tal vez debo dejar que todo se haga como lo decidan los superiores y aunque  yo sepa y vea as piezas que faltan, debo callar y seguir esculpiendo y construyendo solo la figura que ellos me ordenan, sin siquiera tallar un diminuto detalle que sale de mi alma.

Pasé de creadora a pieza del proceso productiva  en fábrica.

Ahora solo me dedico a seleccionar las piezas defectuosas. O incluso a menos que eso, a limpiar la máquina de producción.

Y sabiendo, sabiendo el cómo, estando dispuesta a seguir apasionadamente dándolo todo, no debo dar,  más que 7 horas de humilde costurera, con patrón entregado en manos. No puedo siquiera escoger el color de la tela.

¿Y qué hago allí entonces, si mi esencia es crear y ser la capitana de barco?

Dime Dios, dímelo con más claridad: ¿por qué?

Y me decía también, que tal vez es un regalo todo lo que me pasa, porque ahora todas las energías las necesito solo para mi.

Más, ¿cómo aprendo a ser solo de la clase obrera, si nunca lo fui solo por mi esencia?

No sé cómo hacerlo. ¿Será que todo necesita  un entrenamiento?

7 horas de silencio absoluto, tallando lo que debo dejar listo antes de marcharme.

Entre más silencio haga, antes me dejarán ir.

No abrir mi boca, dejar de acercarme a las personas a darles consejos que no me han pedido.

Solo ir, llenar una jarra de mucha agua y poner un vaso a su lado. O mejor, comprar una botella de agua mineral de las de color azul y poner como objetivo de cada día, beber de esa botella, cada vez que una palabra quiera salir de mi boca.

Tal vez ponerme objetivos claros, pueda ser de ayuda, para esta mente bailarina, que danza de aquí a allí sin parar y que no sabe estar sin crear.

Debo mutilarme allí y sacar las alas tan pronto parta.

Dios, ayúdame a poder hacerlo, porque mi primera escuela “Cantaclaro” mi colegio de niña, me hizo poeta, pero también creativa en todo lo que hago.

Ayúdame señor, a ponerme un costal o saco de patatas para ir allí cada mañana y ser la pordiosera que nadie ve. Te lo imploro Señor.

Creo que debo aprender:

  • A dar justo lo que se me pide y no más
  • A contenerme y dejar de creer que debo cambiar el mundo
  • A darme a mí, cada vez que quiera dar a los demás
  • A callar y morder mi lengua cada vez que quiera mi ego opinar
  • A aprender a ser la mujer invisible

 

Y mi intuición me dice que cuando haya aprendido todo ese, podré partir

Será una práctica dura, pero debo comenzar.

Creo que todo esto que escribo, es lo que quedó en mí sentir, en mi mente, en mi alma después de hablar con el Dr. Luis Galdona el viernes.

La libreta no aparece, se esconde. También se hizo invisible, para enseñarme, que debo aprender a no necesitar ser vista, escuchada, observada.

A hacer las cosas sin esperar aplausos a cambio.

A recordar a cada instante, como dice mi amiga, que dice el Padre Munilla: que “mi único Público es Dios”.

2 comentarios:

  1. Guauuuuu.. Alba......

    Hay que disfrutar ante todo y por encima de todo....

    Tengo un cartel en mi otra casa.... disfrutar de la vida es hacer sin obligación..
    ..para ti mi aportación del.día de hoy....besos de quien te quiere...desde al lado del mar..... Bendiciones

    ResponderEliminar
  2. Guauuuuu.. Alba......

    Hay que disfrutar ante todo y por encima de todo....

    Tengo un cartel en mi otra casa.... disfrutar de la vida es hacer sin obligación..
    ..para ti mi aportación del.día de hoy....besos de quien te quiere...desde al lado del mar..... Bendiciones

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