lunes, 29 de julio de 2024

Dedicado a Toma y a su domador

 





Aunque ya no se leen historias de esas de “érase una vez”, érase una vez unas tierras de color verde y aguas azules transparentes en días soleados, en las que descubrimos un hermoso caballo de pelaje gris, mirada profunda e infantil a la vez, que tenía solo para él un prado de hierbas infinitas. 


No recuerdo cómo comenzó nuestra relación con el potro. 


Sé que un día nos fuimos andando a los grandes prados donde está. Prados tan grandes como para sentirse libre, pero tan pequeños como para tener protecciones de electricidad para que no pueda salir de allí. 


Debe ya haber sufrido algunos corrientazos porque a pesar de estar dándole algo para comer y que encanta a los caballos como las zanahorias, no se acercaba para que pudiéramos dársela. 


El señor del huerto de al lado,  que estaba con su mujer, vino para hablar con nosotros:


  • No acepta comida de nadie. Viene un montón de gente a verlo pero jamás a recibido nada


Asumí que no había mucho que hacer. 


Me he enamorado de este caballo. Su mirada inocente llena de moscas que lo torturan, me llega hasta mi parte infantil. 


No sé cómo se me ocurrió decirle:


  • Venga, vamos a correr. 


Corrí cuesta abajo. 


  • Venga príncipe vamos, corre 


No me lo creía. El potro me seguía corriendo alocadamente.  Oveja estaba literalmente histérica y corría también. 

Luego corría subiendo y también lo hacía el potro. 


Entonces creo que ese día comenzó nuestra relación. 


Sin embargo poco podía yo hacer por el caballo. No sé nada de esta especie. Me parecen impenetrables. Animales enormes más llenos de miedo. Sensibles a cualquier cosa por diminuta que sea que se salga de lo normal y sea nueva para ellos. No tengo paciencia para tanta sensibilidad y reacciones que pueden resultar hasta peligrosas. 


Entonces, ya el caballo se había metido en el corazón del ser más noble como no hay otro. Mi marido, compañero y amigo. 


Comenzamos a ir cada tarde. 


Llevaba en su bolsillos zanahorias. E iba alimentando primero a los tres caballos más cerca de casa. Uno de ellos tiene su nariz enferma. Me pidió que le tomara fotos y eso hice. Le daba una zanahoria para compensar no poder llamar al veterinario para que lo curase. 


Luego, ya adentrándonos en el camino había otro potro sin ningún  encanto y le daba otra zanahoria. 


Cuando después de subir la larga cuesta llegábamos a ese paraíso de verdor y desde donde podíamos ver completamente la ría ya vacía de agua a las 21:00. Allí, el primer día tuvimos que llamarle para que se acercara. Más el resto de días, casi que estaba allí esperando por nosotros. 


El domador,  se arriesgaba  a que le diera la corriente, introduciendo el brazo lo más posible para darle la zanahoria. Más estaba  renuente. No se acercaba. 


Día tras día y usando sus técnicas de mostrarle la zanahoria y retirarse, volviendo a acercarse, consiguió que probara su manjar. 


Luego, cortaba con los dientes trozos más pequeños y se los daba en su boca. 


Y llegó un día en el que los puso en la palma de su mano y el potro los cogió. 


Cada tarde nos preparábamos con gran alegría para ver a nuestro amigo. 


¿ y no le pusisteis nombre?


Bien, se ve que aprendió de los españoles a usar el término “Toma” con una pronunciación intensa para llamar al caballo para que cogiera su zanahoria. Y así, le dimos el nombre de “Toma” al potro. 


  • Ya encontré al caballo.  Lo venden por 1.600 euros 


El que todo encuentra, le dio identidad a nuestro potro. Allí no solo venía su precio sino su raza y nombre. 


Comprarle no es la mayor de las limitaciones. Mantener a dos caballos son palabras mayores y ya tenemos a uno en Madrid. 


A pesar de eso, envío una foto al hombre que pone los zapatos a los caballos para ver su opinión. Nada le costaba soñar con llevarnos a Toma a Madrid. 


Mañana es nuestro último día en estas tierras. Iremos en la tarde a despedirnos de Toma. 


Me pregunto quién le irá a visitar a nuestro Toma casi todas las tardes. Se quedará allí como me quedaba yo cuando me vestía y mi tío Luis no iba a recogerme esa tarde para llevarme en Maracaibo a dar un paseo.


Y lo que más dolerá al domador es saber que en el próximo verano, Toma ya no estará allí en ese punto del paraíso. No sabremos jamás a donde se habrá ido. 




domingo, 28 de julio de 2024

Ya casi mi día 31

 





Queda poco para el día 31 de julio. Inevitablemente debemos volver a Madrid.

Hace un par de días comencé con mi dolor de la cara. Y el único motivo aunque venga de mi subconsciente  debe ser “la vuelta”.

Madrid es una maravillosa hermosa ciudad. Pero hace mucho tiempo ya no me gusta vivir allí.

Mucho ladrillo. A pesar de vivir “aparentemente” en una zona cercana a la sierra de Madrid. En Torrelodones, no me encuentro. 

Una vez que estoy allí entro en la dinámica de dejarme llevar. Más esa casa es excesivamente grande y cada uno vivimos en una planta. 

En esta casita de una sola planta de Barreiros, la cocina, el salón y el comedor conviven todos en una zona área y las 3 habitaciones están unas cercas de otras. 

Aquí en una hora se limpia. Todo aquí es tan sencillo. Aún lo que trajimos en maletas pequeñas no lo hemos usado. Se puede vivir con muy poco. 

Ayer cuando salí a andar llovía y a pesar de eso me puse el impermeable y me fui sola con Oveja. Pasamos algunas penurias. Se me empaparon los zapatos. Vi la mayor cantidad de caracoles en mi vida todos con sus cuerpos fuera. ¡Que hermosos! Nunca más comeré un caracol Estaba todo desierto excepto los gallegos bien preparados con impermeables hermosos y hasta los pies y los runners como siempre corriendo pase lo que pase en pantalones cortos y camisetas. 

Yo era una caminante rápida. Aquí el suelo del paseo no es plano y amo tanto no perderme ni un trozo de belleza, que prefiero andar antes que caerme. 

Llegamos lloviendo como salimos y todo fue directo a la lavadora. 

Hoy a las 8:00 me llevaba solo a Oveja pero Hiru tuvo permiso para venir tan bien. 

Ya no puedo llevarlas sueltas. Me pusieron una multa por bañarlas en una playa. Ya no quiero más multas. 

Así que la caminata de hoy llevando a las 2 perras  13 kilómetros no fue demasiado fácil. Hiru quiere olerlo todo y tuve que hacer un poco de autoritaria. Tenía miedo que sus tirones empeoraran el dolor de la cara. 

No puede ver el amanecer. Pero si vi al sol queriendo mostrarse y predije contra “el tiempo” que aclararía y lo hizo. 

Quedan dos días. Se me fue Julio sin darme cuenta. Asumir es cierto que pasaron muchas cosas. Y que una semana estuve 4 dias sin poder salir a mi mar y a mi campo porque tuve un virus de estómago. 

No me quiero ir. Como cada año. Nunca me quiero ir a Madrid. 

Hoy por primera vez comí pan gallego. Estaba guardando la ocasión para el día que lleváramos a Daniela a comer arroz con bogavante. El pan gallego es el mejor que he comido en el mundo. y no se diga el pan con nueces. Más este año renuncié a todo porque necesitaba perder tranquilamente un poco de peso comiendo sano. Lo he conseguido. 

Tuve muchos motivos para escribir porque este mes ha sido un mes sin expectativas, un mes de siestas, de perder el tiempo, de no hacer nada y no sentirme culpable. Tal vez hacía más de 25 años o 30 que no tenía unas vacaciones así. 

Conocimos un caballo. Más esa es una historia aparte que ya comencé a escribir. 

Hoy el 28 de Julio. Hasta quizás la libertad de Venezuela la habré vivido desde aquí. Y me pregunto. : ¿qué hago en Madrid si ganó la democracia. Por qué no volver a reconstruir a Venezuela?

Aún no sabemos los resultados. Mañana podemos levantarnos y el ejército tener todas las calles tomadas con armas. ¡No hay que celebrar antes de tiempo!.

Mañana habrán más noticias. Hoy la diferencia horaria solo nos permite saber el % de votación. Que anque dicen que parece alto, después de los esfuerzos de María Corina por toda Venezuela siento como pequeño.

Soy mujer de campos. Campos verdes. Y de mares fríos como el

Cantabrico. Los océanos fríos como

el Atlantico nohacen vibrar. Y ya he olvidado la temperatura del Caribe. 

Llegar a Madrid es ser mi otra yo. Juego bien el papel una vez que estoy allí. 

La casa será un auténtico desastre un mes en manos de Matthew. No sé si la ola de calor o la casa es lo que más me choca de volver. Odió el calor, lo seco de Madrid. 

Aquí hay tanta paz. Ya sé que la paz se lleva por dentro. Pero el entorno ayuda. 

Y este es casi mi día 31 ….

El miércoles a las 6:30 ya estaré viendo el amanecer antes de irme a hacer mi caminata y a mi vuelta volver a Madrid. 

Tal vez saber que existe Barreiros y que esta casa es nuestra por un mes lo hace maravilloso. Si viviéramos aquí, seguramente nos quejaríamos de la lluvia. Así es el ser humano. 

Nuestro potro “Toma” ha sido un regalo de este viaje. Nuestro amigo que dejó ser donado a cambio de zanahorias.  

jueves, 11 de julio de 2024

Mis tíos galeses

 




La vida es apoteósicamente portadora de episodios inesperados. 

Entre un segundo y otro, un acontecimiento puede cambiarlo todo.


La primera vez que aunty Dill y Uncle Ken vinieron a nuestra casa,  viviamos en Castillo de Olivares. 


Habíamos hecho la reforma de la casa y todo lucía de revista. O tal vez no, tal vez fue cuando la casa estaba a estrenar. 


Uncle Ken hizo algo con torpeza y causó el primer rasguño incurable del parket del pasillo de la entrada. 


Yo estaba enrabietada  porque me parecía torpe y sentía que me iba a destrozar mi primera casa nueva. 


No entendía por qué tenían que venir a nuestra casa. Eran los tíos, pero significaban poco para mí. 

Entendí con el tiempo la bondad de esos dos personajes de aspecto curioso. Nunca entendí lo que decía uncle Ken. Su acento de Galés profundo, hace que aún tenga que escucharlo con mucha atención para saber lo que dice. 


Luego, fui yo misma, después de haber perdido a Mary ( 11 años menos que su hermana aunty Dill), la que compró los billetes para que vinieran hace unos 5 años. Ya no me importaba si se rompía algo en casa. 


Vinieron, más en Bristol Uncle Ken,  sufrió un pre infarto volviendo de Madrid y ya dejé de lado mis disparates de empeñarme como fuese de mantener vivo todo lo que estuviese relacionado con mi amada Mary. 


En Agosto del año pasado fui después de 7 años a Gales porque Lee precisamente quería que viera a Aunty Dill. El la había visto frágil y consideraba importante visitarla. Hace dos meses Lee estuvo con Matthew viéndola nuevamente. 


Matthew con su dulzura y amor por los mayores le tomó de la mano. 

Uncle Ken hace 4 meses sufrió un infarto que le quitó la vida. Usando los aparatos de las películas, le resucitó un compañero del coro y estuvo dos meses ingresado en el hospital. 


Ian mi maravilloso “brother in law” se hizo cargo de llevar a Aunty Dill a ver a su viejito. Así pasaron dos meses. 

Aunty Dill siempre firme y sin quejarse de estar sola dos meses. 

Más ella estaba ya muy enferma. Se lo contó Uncle Ken hoy a Lee. Por eso hace dos días Uncle Ken pidió a escondidas la ambulancia.


Hoy la han diagnosticado de cáncer de recto entre otros. 


Y así de un instante a otro, todo cambia. No tendremos un cálido agosto en Madrid, sino un lluvioso Agosto en Gales. 


Siempre estoy en los hospitales y donde hagan falta manos para para dar amor a los enfermos. Por eso yo iré a Gales. De algo sirve que no tenga trabajo. 


Aunty Dill me hizo una gran confesión   al día siguiente de morir Mary:

  • Ya no tendremos quienes nos envíen tarjetas por todas las ocasiones -dije yo-
  • Yo era la que decía a Mary cuando tenía que mandar las tarjetas -dijo aunty Dill-


Así que por ocho años después de la muerte de Mary, han seguido llegando las tarjetas de los dos viejitos para cada ocasión especial. 

Aunty Dill es toda una matrona. Una hermana mayor. De carácter muy firme. 

Uncle Ken no tiene ni una persona en su familia.  Ni una. El necesitará amor también. 

La delgadez de aunty Dill no me gustaba. Me temía el diagnóstico. Pensé que era cáncer de estómago. Todo era parecido a abuelita Irma. No sé el tiempo que seguirá con nosotros. Solo sé que iré a servir a Gales el mes de agosto.  A dar amor. De ese que parece que ya no tengo para dar, más cada vez se hace más exclusivo. 

Aunty Dill , Uncle Ken, mis  tíos galeses, allí estaré con Ustedes. 

lunes, 1 de julio de 2024

Día 1: todo parecía igual

 




Todo parecía igual 


Siempre tomamos el camino por la vía secundaria. Esa que toma una hora y media más para llegar. 


Entonces, en medio de la inmensidad de esa vía infinita llena de verde-Galicia,  tomé consciencia que el coche en el que nos transportábamos no era el cómodo ford, sino el antiguo renault. 


Más no echaba nada de menos. Todo era maravilloso, aunque el traje tenía menos ceros. 


Aquí, en este lugar de felicidad absoluta, fue el último sitio donde fui feliz, antes de que me dieran la noticia que un 1 de agosto, me sacò del único sistema solar que yo pensaba que existía. 


Ahora, cómo viviré un mes completo de vacaciones sin estar en medio del trabajo aún de vacaciones. El dinero es menos también. Más como no somos de grandes lujos, la diferencia no se notará demasiado. 


Barreiros sigue aquí. Aunque todo para mi sea diferente. Pipo ya está abierto y el resto de sitios que me sirven como punto de referencia para ver cuántos quilómetros me quedan para llegar a las “Catedrales”, están todos también de puertas abiertas. 


Creo que el verano aquí comienza ya la última semana de Junio. 

Barreiros cada vez tiene más ambiente. 


Hoy había un buen atardecer. Lleno de nubes para hacer arreboles. Más hacía fresco y yo iba de sandalias. 

Aquí la única diferente soy yo. Estoy más tranquila. No tengo nada. No sé hacia donde iré. Lo más seguro era que vendría aquí en Julio y aquí estoy. 


Añoraba traer a mami y dedicarle tiempo y comidas de calidad. Hechas con amor. Más no pudo ser. 


Aquí estoy hoy, primer día de Julio. 

Con dos buenos libros gordos para leer. Con materia prima de la buena para escribir. Con mi alma sensible para ser inspirada. 

Este año no hay más miedo que el de no saber si algún día tendré un trabajo. Más todo llega.