viernes, 29 de marzo de 2024

Gardel, me hiciste llorar

 Gardel, me hiciste llorar

 


 

Mi alma está contenida, asustada, guardada en una frágil cajita quien sabe dónde. Siento algo en el lado izquierdo del pecho. Debe estar por allí, cerca de mi corazón.

Cada día me levanto como autómata a vivir el día. He comenzado a correr otra vez. Es la garantía de una buena dosis de químicos para comenzar a vivir a la fuerza.

Así, voy haciendo todo lo que tengo puesto en mi agenda. Me disfrazo, disfruto de ver o hablar con personas que estuvieron tan cerca en mi vida y que el existir sobreviviendo, hizo imposible que siguieran estando dentro del radar de amigos a quienes podía tener en mi día y mis oraciones.

“El 80% de los trabajos surgen por amigos y conocidos”. Por eso, tengo que dejar a un lado la vergüenza, llamar y escribir a quienes no veo hace 30 años y quedar para tomar un café.

Van pasando los días, las semanas, los meses y ese “trabajo” no llega. Y me doy cuenta de que igual que tenemos un nombre y apellido. Un casado o soltero, un tiene hijos o no… igual, el “encontró Alba un trabajo” o aún lleva 7 meses ya buscando, es parte de lo que me define.

No son 7, son 5 meses, porque tuve que estar más de un mes en estado de shock y porque se me fue un mes haciendo el CV y teniendo a LinkedIn en buenas condiciones. 

Los que te quieren no se atreven a preguntar cómo va la búsqueda, pero están a la espera de la “buena noticia”. La que con los globos de LinkedIn anuncia que Alba ya consiguió un trabajo.

Aunque sé que me quieren y que “no les cabe en su cabeza cómo aún alguien como yo no haya conseguido trabajo”, es demasiado pedirme.

Siento que todos están allí a la espera de las buenas noticias y yo, a diferencia de cuando trabajaba, no puedo hacer realidad al instante su petición.

Esto de buscar trabajo nunca me había pasado. Bueno, no es cierto. Con 21 años llegué a este País sin nada y busqué trabajo sin conseguir, más el consuelo es que era muy joven y que venía de lejos. Ahora, podría hacer casi cualquier cosa en la empresa y, sin embargo, no se alinean los astros como dice mi consultora y llega el sí.

Como siempre, lo he hecho todo. Lo que me dicen que debo hacer y además, mis ocurrencias para impactar.

-            La mala noticia es que todos acabáis consiguiendo un trabajo. Unos antes y otros después

Hoy me doy cuenta de que yo soy esa Alba acostumbrada a poder con todo. El no tener trabajo, es como si me faltara un miembro de mi cuerpo. Me hago más débil y frágil. Me lo dijo Neus:

-            Hay que respetar a las personas en busca de trabajo, porque se sienten más frágiles

Cuanta razón tenía. Me siento frágil. Solo quiero esconderme en mi serie de turno. Solo tengo fuerzas para ver la serie. Me meto en esa vida y salgo de la mía.

Y tu Gardel, mañana “vivo” en Florida para bautizar el documental sobre Gardel de Álvaro, mi cuñado, me has hecho llorar.

Yo no lloro, no lo sé hacer, puedo con toneladas de sufrimiento, por eso llorar es una bendición.

Es reconocer que soy humana y que puedo sufrir.

También estás en Spotify y veo que me sé casi todas tus canciones. Maestro, artista, galán:

Gracias por ayudarme a llorar, en tus letras y música está el pasado de mis amados ancestros

sábado, 23 de marzo de 2024

Lo que no te pude decir

 





Me dio mucha pena que no hubiéramos podido seguir la conversación. 


Ya me contaste un poco más sobre tu dolor. Yo pensé que el dolor nunca iba a desaparecer después de 10 años en los que se instaló en mi vida. 


Más cuando aprendí a dejarle entrar y salir, se fue haciendo menos tormentoso y más tenue. Reapareciendo con furia en los momentos “sin salida” de mi vida. 


Sin duda alguna, ha sido uno de los mayores compañeros y maestros. Me ha hecho fuerte. Me ha enseñado a no desvanecerme y sobre todo a no haber parado mi vida por él. 


¿Es eso bueno? ¿Soy mejor después de conocer al dolor? 


NO


También hubiera podido hacer mi vida sin dolor. Hubiera podido disfrutar más de todo. Todo hubiese podido ser más sencillo. Menos sobrevivir, más festejar. Porque el dolor me quitaba las fuerzas y apenas me daba para sacar adelante a mis dos niños y el trabajo. 


Y te escucho a ti. No puedo llamarte mi discípula, porque solo nos parecemos mucho, pero yo nada te he enseñado. La vida nos hizo coincidir. 


Tu alma es pura. Tu también dices las verdades. También defiendes a los que lo merecen y te da igual si sales perjudicada. 


Puedo decirte que ese dolor pasará. Te lo juro. Ahora piensas y temes que se quede allí para siempre. Solo que se irá marchando cuando le dejes estar, cuando le abras las puertas de tu casa y de tu alma. 


Mis hijos nunca me vieron llorar. Porque con ellos yo era aparentemente feliz y perfecta. Tal vez si pudiera aconsejarte algo, te diría que dejes que vean que eres humana y lloras. No tenemos por qué esconderles el sufrimiento. 


Y por lo demás. El dolor crece, cuando la angustia nos invade. Es inevitable. El dolor tiene voz y se expresa. 


No pude mandar todo a la mierda. Tu tampoco puedes. Hay que lidear con eso. 


Esto es parte de todo lo que te quería decir que no te dije. 


Mi más profundo amor, admiración y respeto 

lunes, 4 de marzo de 2024

Florece una mariposa amarilla

 




Hoy salí muy pronto de casa. Ya soy una experta bajándome en la estación “Paco de Lucía”. La que va después de Pitis (aunque se empeñan en no anunciarlo en las pantallas de los andenes con las paradas de cada “C” del tren de cercanías). Línea 9 de metro en Pitis a Plaza de Castilla y línea 10 en Cuzco. Ya había hecho una práctica la semana pasada para ver a una persona que no conocía, pero que acabó siendo un ser humano “humano” y maravilloso. Es digno de una historia que tengo en el alma para contar.

Hoy no se trataba de cualquier encuentro. Iba a ver a la gran “Loli Condes”.

Jefa de jefas, cuando apenas comencé a trabajar en DIA, “mi primera escuela”, como siempre le llamo.

Mis tiempos de DIA fueron maravillosos. No solo conseguí mi primer TRABAJO (sí, con mayúsculas) sino que volví a enamorarme y ser feliz. Nunca quise irme de DIA. Lloré un día completo el último día allí. Claro dejo, que me fui YO,  porque me ofrecieron todo para que me quedara. Igual no debí irme. Aunque lo que pasa es lo mejor.

Fueron tiempos muy duros también. Allí, me descubrieron un aneurisma cerebral ubicado en una zona muy cercana a la que controlaba la movilidad de la parte derecha de todo mi cuerpo. Y en una semana desde que me dieron el diagnóstico, estaba yo metida en el quirófano en una operación de 12 horas.

Después de que me dieran la terrible noticia volví a DIA. Porque me esperaba el trabajo que dejé sin hacer, pero porque era lo más parecido que tenía a un hogar.

Jamás y repito jamás en toda mi vida, tantas personas me abrazaron como lo hizo DIA. Cada una de las personas, cada uno de los proveedores.

Hoy, todo se recreó en mi mente. Loli lo recordaba aún con más claridad que yo y por eso mi alma se ha impregnado de todo ese AMOR que me arropó.

Yo no tenía literalmente a “nadie” de mi familia en España. Mi madre llegó el día antes y tuvieron que doparla porque mi operación se complicó, Trabajé hasta el día antes de la operación. A las 18.00 volví a casa. Nadie me obligó. Solo mi testarudez de dejar todo en orden.

En la UCI cuando abrí los ojos de la anestesia estaban las directoras de DIA allí todas conmigo. Con ellas, toqué mi cabeza y vi que tenía pelo. Al médico le había dado pena mis rozos y se apañó para quitar pelo solo en el gran área de corte. Ellas estaban allí. Ellas fueron mi familia.

Y Manuel Escudero y Jesús Navarro, mis amados proveedores. Manuel me prometió que si quedaba con invalidez los mismísimos rehabilitadores del Real Madrid se encargarían de mí. Y antes de ponerme la anestesia el Dr. Gutiérrez, esa mano maravillosa a quien debo mi vida me dijo:

-            Me llamaron para decirme que te cuide mucho

-            ¿quién?- pregunté-

-            Jesús Navarro ( Carmencita y los famosos flanes)

Esa fue la última frase que recordé antes de irme casi al más allá.

Para qué contar el resto de la historia. Todo me costó. Caminar otra vez. No sabía cuál era cada proveedor, confundía todo, me desesperaba.

Tanto fue mi empeño de volver a DIA con mi familia que el neurocirujano tuvo que autorizar una media jornada.

Mi amada familia de DIA me lo enseñó todo otra vez. Desde cómo usar Excel a recordar todo sobre el negocio.

Y gracias a ellos pude continuar.

Loli, después de verte, de sentir tu cariño, de arroparme como lo hiciste hace 24 años, todo vino como un flash.

Llevaba un mes casi muerta. Desde que me lesioné el brazo, he entrado en una rutina en la que “buscar trabajo” es lo único que existe. La Alba Deportista estaba escondida y triste.

Pues hoy Loli, volví a resucitar.

Hace unos años también estuve muy mal y Dios me mandó a María, María Pradillo que también me escuchó y me dio amor.

Llegué a casa y decidí con este catarro y todo, salir a correr, una de mis pasiones. Eso hicimos Oveja, Hiru y yo (mis dos perras). Sentí la brisa, las nubes soleadas, mi cuerpo. Recordé que soy mucho más que “buscar un trabajo”. Reconecté conmigo.

Gracias a todos esos seres humanos que tanto amor me dieron y que me vieron renacer.

Gracias Loli por tu amor el día de hoy. Sabe Dios cómo lo necesitaba.