Cuando mis amigos me preguntan: cómo estás ?, les digo que les pasaré un artículo que escribiré con el detalle de lo vivido desde que el jueves 15 de diciembre salí de Madrid.
La fuente de esta aventura seré yo. Una persona que conocen. No será un artículo escrito por un desconocido o periodista. Seré yo, esa venezolana-española, quien en sus viajes incluso entre las capitales europeas, siempre tiene una aventura que contar.
La aventura a Venezuela, comenzó aun estando en Madrid.
Los venezolanos que estamos fuera, sufrimos por no poder, con una varita mágica, replicar la abundancia, para que nuestros seres queridos puedan tener lo que para nosotros es tan normal y básico.
Así que cuando vamos a venir a Venezuela, sentimos el apremio de traer todo tipo de alimentos.
En mi caso, llené 3 maletas de no más de 23 kilos de limite, de ropa de mis niños y comida para traer a Venezuela.
Arroz, garbanzos , lentejas, aceite, pasta, artículos de perfumería. Lo más básico, es lo que aquí no hay.
Mis niños venían , cruelmente cargando su maleta de mano con productos pesados.
Y así comienza mi aventura
Un marroquí en Barajas, no sé cómo, se hizo con las maletas, pesándolas y sacando cosas y cosas que disparaban el peso. Todo eso, lo metí además en las bolsas de mano. Éramos auténticos burros de carga transitando hacia la terminal piloto de la T4.
Los niños arrastraban con dificultad y además, lloriqueaban porque la mochila de cada uno pesaba tanto, que poco a poco mi nivel de tolerancia disminuía. Yo llevaba a ratos lo suyo y lo mío.
Ya en la terminal satélite, cuando soltamos un peso, más pesados que nosotros mismos, compré para lo madre sus cremas clarins de regalo de Navidad. Unas cremas, que no compro ni para mi misma, pero que eran el mejor regalo, para mi amada madre. Entre mochila y mochila, maleta de mano, esa bolsa cargada de amor , se quedó en la puerta de embarque.
Las primeras horas de esas 9 horas de camino fueron de silencio absoluto. Dios me había dado tantas señales para advertirme que el viaje a Venezuela no era sencillo. Le dije :
- Dios, por favor, ya nada puedo hacer, siento no haberte escuchado, más ya estoy en camino. Por favor, que no me pase nada más
Poco a poco fui consolándome a mi misma, pensando que había pagado un alto precio al perder las cremas , pero era mejor que haber perdido los documentos de identidad.
En 3 horas, ya mi alma había aceptado la pérdida de mi regalo de Navidad a mi madre y le dediqué a grabar mensajes de feliz Navidad y a trabajar .
Llegamos a Caracas. Acceder a través de los controles fue casi lo mejor de todo lo que ha pasado. El amable funcionario me advirtió que tendría problemas para salir del país, a pesar de traer todo perfecto según la cónsul de Vigo, a donde tuve que ir para renovar un pasaporte vencido hace 20 años. Estaba tan cansada, que mi mente no teñí capacidad para asumir nuevos problemas.
Dos horas esperando el equipaje, haciendo magia para no perder uno de tantos bolsos. Cargando maleta por maleta sin ayuda . Dejando a los niños vigilando , mientras que como una mula yo llevaba todo fuera.
Allí, encima de un cargamento nos sentamos los tres. Mis niños y yo nos moríamos de sed.
Vimos la amorosa cara del Señor Juan, ese hombre pausado, amoroso que hace sentir a uno, que ya no corre peligro.
- No tengo dinero para pagar el parking - me dijo-
Yo saqué los billetes de 1 dólar y así, con la creatividad alucinantemente rápida del venezolano, con esos dos dólares consiguió que un hombre cargara las maletas, unos billetes ( no disponibles ) para comprar agua.
Luego corrió para pagar con la tarjeta de débito y quedarse con unos billetes que escasamente alcanzaban para comprar agua. Así, el venezolano, inventa cada instante una nueva manera de sobrevivir. Esta fue la manera para subsistir sin billetes disponibles.
Incluso, los robos, ya sin hechos contra la tarjetas de débitos porque ni bolsas llenas de dinero recogerían apenas 100 dólares.
Esa tarde, con todas las maletas cargadas de alimento, subimos de la Guaira a Caracas.
El señor Juan respondía a todas mis preguntas sobre por qué Caracas, es la Cuidad más peligrosa del mundo. Mi pregunta más importante era sobre la moral. Pueden quienes matan cada día dormir ? Y es lo que más me preocupa de mi Venezuela. Cómo su dulce, solidaria y maravillosa gente, puede matar?
Por más que me lo expliquen, sigo sin entenderlo, pero creo que algo les ha legitimado. Creo que algo casi tan profundo como los 10 mandamientos, ha hecho que desde niños, el matar o robar a quienes tienen algo más que ellos sea, un derecho.
El señor Juan abrió la ventana derecha del coche. Mis niños gritaron :
- Mami, estás loca!!! No abras el cristal. Te van a matar
En ese momento me di cuenta, que no era el momento para ese tipo de reflexiones.
- niños , hay policía y debemos abrir el cristal, dijo el Señor Juan
Cuando llegamos a Cumbres de Curumo- una urbanización que hace 20 años era segura.. Un pequeño espacio , a través del cual caminé durante dos año, cada mañana para ir al Colegio las Cumbres-, todo estaba oscuro. Era de noche.
Pude distinguir el edificio donde Vivi. Allí, todo era perfecto. Llagamos a Residencias Caroni, donde viven mis tíos. Los niños no quería bajar del coche. Estaban aterrorizados. La calle casi sin salida, estaba completamente negra. Nos dijo después mi tía, que había reunido fondos entre los vecinos para alumbrarla. Nadie se había acercado a hacerlo en los últimos meses
Aunque estuve a punto de decidir no ir a Caracas, porque no podía más con un día tan duro, desde el instante que dejé mi casa de Madrid, decidí dejarme llevar.
Afortunadamente lo hice : mi familia de Caracas, en solo instantes, transformó todo lo que habíamos vivido en amor.
Tia Nena, tenía tequeños y tody ( colacao venezolano ) para los niños y mayores. Liliana mi prima medico pediatra ,homeópata, curó, con sus bolitas de azúcar mágicas la otitis que diagnosticó, mirando al oído que dolía a Matthew. Más no solo dio bolitas para la inflamación. Dio gotas y azúcares para el pánico de Matthew. Matthew se durmió rendido en el sofá . No pudo disfrutar a esa nueva familia que solo recordaba remotamente
Daniela me dijo:
- Mami, que gusta la gente de aquí, es dulce y cariñosa
Dormimos 4 horas. Ya
a las 3 am estábamos prepararnos para salir
a las 4 am al aeropuerto. Tia Nena no durmió. Como si fueran las 10 de la mañana nos preparó un maravilloso desayuno
Matthew ya no tenía dolor. Había sido curado mágicamente ... Por el amor ?
En un pis pas, llegamos al aeropuerto. Nunca fue tan cerca Maiquetia de Caracas . A esa hora no había atascos
El Señor Juan, se aseguró de que estuviésemos seguros.
Cuando procedían a darnos las tarjetas de embarque, nos dicen que debemos pagar sobrepeso. No tenía ni un bolívar. No aceptaban tarjeta de crédito, tampoco dólares. Una vez más la creatividad del venezolano hizo posible que viajásemos a La Fría, nuestro siguiente destino. Un joven de la aerolínea pagó por mi, con su tarjeta de débito y me cobró, 5 veces más el precio en dólares. No tenía fuerzas para luchar. Solo quería llegar.
En la puerta de embarque esperamos eternamente. Nos informaron que le maletas estaban pasando por rayos X. Ya esperaba escuchar mi nombre, para pedirme cuenta de la chistorra y resto de alimentos que iban a hacer explotar nuestras maletas.
Los niños tenían hambre. Yo sed. En Venezuela no puede tomarse el agua del grifo. Milagrosamente mi tarjeta española me permitió pagar un jugo de lechosa. Los niños corrían con dos dólares, para comprar pirulínes ( uno de los productos únicos de Venezuela) llegaron felices en uno de sus intentos. Una buena mujer pagó para ellos unos paquetitos. Nuevamente, mis niños veían el contraste entre el miedo y el amor.
Ya en el avión, esperamos una hora más. El aparato fallaba. Decidieron comenzar el viaje y me pregunté si mi ultimo aviso del Universo era morir en un avión. Sin embargo, nada podría hacer. Bajarme era de alguna menear morir también. No resistía seguir allí, indefensa, sin dinero más tiempo.
Así, llegamos a La Fría. Un aeropuerto diminuto, de pueblo, donde uno se baja del avión y atraviesa la pequeña pista a pie .
Allí , pensé que había perdido mi cartera por minutos. Sentí que ya no podía más. El bolso estaba escondido por mi, en mi pánico por seguir en la línea de malas energías . Esperé eternamente, nuevamente esas maletas. Las arrastré con todas mis fuerzas una por una Pensé que mi hernia era la próxima mala noticia
Me moría de hambre y de sed. El amoroso señor que mi tío envió a recogernos tampoco tenía dinero. Aguanté por dos horas y media. Y al llegar, subí con todo lo que me quedaba de fuerzas, maletas de 23 kilos por las escaleras hasta la séptima planta. La hermosa señora del edificio me ayudó. Toqué el timbre. No había nadie allí .
Ya no pude más. Abandoné las maletas. No tenía fuerzas de bajarlas nuevamente
El señor nos llevó a casa de mi Tío Omar.
Dejamos todos los bolsos a la entrada. Yo entré desesperada en busca de agua. Y allí, en esa nevera, la más grande y abundante que nunca he visto, estaba una "tizana"( ensalada de frutas) que mi tío había pedido preparar para mi
Me tomé tres vasos. Ya, a partir de ese momento habían acabado todas nuestras necesidades básicas. Estábamos protegidos
Era viernes, 12 del mediodía. Ese día mis niños, veían la recompensa a todo su esfuerzo
- Mami, no sé por qué me gusta tanto esta casa . Y los tíos, cada vez me gustan más y más
Mis niños , sobre todo Daniela quien había olvidado estos dos años sin venir, no podían creer, que en una casa podían ser tan amados.
Esa noche no dormí en casa de los tíos . Más Daniela, durmió en medio de los dos en esa cama enorme de 2x2
El sábado los cuidaron todo el día. Yo llegué en la noche El domingo Matthew cumplió 13 años. Tuvo una hermosa fiestas. Su cara de emoción y sorpresa podía verse, cuando apagó las velas con tanta familia alrededor
- Mami, mi familia venezolana es más pequeña que la Galesa. El día de la fiesta de noche vieja, no sabré el nombre de nadie. Tengo que poder aprenderme el nombre de tantas personas ( Matthew)
El domingo a medio día, comencé la procesión por las tiendas. Comenzaba a prepararme para venir aquí, a la loma del viento, a esta casa donde hay paz absoluta.
Mi tía todo lo pagaba con su tarjeta de débito. O torta, las chucherias, una parte de la compra de alimentos .
Esa noche, dormí también en el apartamento de mi madre con mi prima. El lunes deambulamos, comprando una cosa aquí y otra allá. Ya tenía, la tarjeta de débito de mi madre conmigo. Intenté pasarla , pero no la aceptaban . Mi prima pagó todo por mi. Ya mi deuda aumentaba cada vez más. Una nueva transferencia que mi hermana debía hacer por mi
Anoche, por fin ,
a las 10 de la noche, pisé el suelo de esta casa, este regalo de mi padre, que como en vida decía, era yo la única que amaba estar aquí.
Ya aquí, sin nada que comprar, no porque la despensa todo lo tenga, sino por que nada está en venta, pude relajarme.
Dormí en esta habitación donde vi a papi rodeado de periódicos , dormir a ratos, para descansar los ojos.
Esta mañana, cuando desperté, mi gripe - producto de un duro viaje - salió completamente. Hizo consciencia de que por fin, podía permitir a mi cuerpo darse por vencido y descansar. Ya estaba segura.
Todo es aquí perfecto. Fue todo lo que pasó, el precio por ahora estar en estas enorme cada de Heidi, en esa loma del Viento, desde donde se ve San Cristóbal como un gran nacimiento de luces ?
No lo sé. No podré dejar de venir cada año en busca de abono para mis raíces. Más haré aquí, en reventa , la compra de productos costosos, para dar de regalo a mi gente.
Me digo a mi misma, que aunque Venezuela, me duele en las entrañas, no puedo salvarlo trayendo tres maletas que no puedo ni arrastrar ... No sé si la próxima vez traeré a mis niños... Es demasiado duro ...
Aún no ha llegado Lee, más ya me ha tildado tácitamente, de irresponsable por venir en estas condiciones ,
He preparado todo al detalle para él. Tendrá dinero en efectivo cuando pise tierras venezolanas. Habrá marcado su maleta. Sabrá que no hay agua a cambio de dólares. Espero así, ocultando la aventura que viví , no escuchar sus quejas
Al fin y al cabo, esta es mi Venezuela y nadie más que yo, posiblemente, esta dispuesto a hacer un sin fin de sacrificios para respirar su aire y abrazar a lo suyos.