Hace dos años, cuando en menos de una semana, pude deshacer todo lo que
pensaba que era lo que necesitaba para transcurrir en la vida, me fui allí, a
ese lugar del que no tenía referencias, más que de persona, que por su sangre amiga, era de confiar.
Ya en el aeropuerto, comencé a sentir la ausencia de una compañía. En mis
viajes, siempre había un trasfondo, un objetivo, equipaje, todo estaba bajo
perfecto control.
En el 2015, en su mes de Julio, había un vacío, me sentí solo … esa soledad, se hacía más profunda cuando veía
a la mayoría de los viajeros en compañía.
Allí, en esa profundidad, sin ni migas de pan dentro, le vi, le dejé
asomarse. Solo con mirarlo, supimos, que tal vez por primera vez en nuestras
vidas, estaríamos , 15 días, absolutamente UNIDOS.
Así fue.
Pasé de estar aterrorizado (debido a la poca importancia que todos me dieron allí, de
la no existencia de normas y a la vez, “perfección silente”, de las señales de
tránsito con las lecciones de UCM con el que debo confesar, que aún no he
terminado de conectar ) a ir viviendo experiencias diarias, que me adentraban cada vez más, en lo desconocido, en lo esotérico, mágico y a la vez, tan real como que estoy vivo.
Aprendí el valor del tiempo libre y la necesidad de solo cuatro horas de trabajo para ganarlo. Allí, no era necesario hablar con nadie. El derecho a estar callado y no socializar era posiblemente, la más preciada nueva sensación.
De todo lo que allí hice, seguramente lo que más recuerdo, es cuando corté
el Bambú y en esa tarea repetitiva, sentí paz absoluta y cuando nos amamos
plenamente, sin necesidad de utilizar nuestro cuerpo.
Pasaron justo dos años.
Volví. A esta Capital Madrileña. Me traje la paz que me duró por un rato,
aprendí a AMAR a una mujer nuevamente, sin pasar por encima de mí mismo, sé
decir que NO, cuando a todo decía que SI.
Más mis manos de carpintero, mi mirada profunda y a la vez de niño pequeño,
mi deseo de dar amor y escuchar, a quien debo dar una instrucción de negocio,
me hacen buscar, desesperadamente, un nuevo hacer, un nuevo YO, un YO que sea
yo mismo y no otro ( al que todos los que me aman y yo me he inventado)
Llevo dos años buscando una respuesta que aparezca, así como esa pulsera,
en la entrada del portal de la casa de mi Hermano.
Tanto he buscado, que esa respuesta se me esconde por todos los rincones.
Como aquí, corriendo de un lado a otro no la encuentro, por más que me fijo
cuidadosamente en cualquier señal, decidí irme nuevamente a esas tierras
lejanas, a ver si esa respuesta me encuentra a mí.
Tal vez, no era necesario ese largo viaje, más mi instinto, se convirtió en
un ser andante y se dedicó a planificarlo todo y a llevarme de la mano.
Allí llegué y después de horas en avión, en bus, en coche, llegué allí.
Esta vez, nadie me esperaba.
Disfruté el silencio de ese espacio que imaginaba lleno de gente que sabía
que ya no estaría allí, pero que para mí, eran parte de este viaje.
Como no hubo nadie, el silencio y él, fueron mis compañeros.
Nadie me esperaba, era libre.
Seguí adentrándome en ese poblado de 35 personas. En la primera casa no
había nadie. En la segunda que abrí, estaba “el maestro”, “el gurú”.
Se me pidió silencio, porque estaban siendo ajustadas las energías?
Todo es diferente. Lo que yo añoraba ya no existe, porque todo cambia y
cuando volvemos, después de un tiempo, nos
quedamos vacíos, porque todo es siempre, absolutamente nuevo.
Ya no estaban los voluntarios de 15 días. Y si lo estaban, yo ya no soy uno
de ellos. Ya he escalado un nivel. He vuelto y eso merece un ascenso.
Aquí todos son “nivel avanzado”. Yo me siento un don nadie, alrededor de todos ellos. Va no son ni
siquiera veganos. Han pasado a ser crudi veganos. ¡Vaya salto me espera!
Aún en velocidad multinacional, me he apuntado a todas las partidas.
Gracias a un dolor de cuello, he recordado que nadie me obliga a nada. ¡Soy
libre!
Extraño a mi amor Francés. Más la amo aún más, por darme la libertad.
Me gustaría que estuviese conmigo, pero se trata de estar en lo más
profundo de la soledad, para escuchar al silencio hablar…. No puedo dejar escapar ninguna de las pistas que pueda darme.