Hiru y Oveja viven en una casa donde tienen suficiente espacio para tumbarse y descansar, en muchos sitios cómodos y calentitos.
Sin embargo, su sitio preferido es la habitación de sus amos. Allí tienen su sofá.
Ese sofá, era realmente de Hiru (la madre), pero allí duermen Hiru y Oveja desde que todos los cachorros de la camada,dejaron de estar con su madre .
¿Quieren saber más de esos cachorros ? Fueron 6. Les contaré en otra historia, todo sobre ellos.
Oveja, cuando aún era muy pequeña, se abría sitio junto a su madre y poco a poco se adueñó del sofá. Allí duermen las dos. Más oveja, como todos los hijos, acaba sacando a su madre del sofá muchas noches e Hiru debe dormir en el suelo. ¡Si lo sé! : ¡Hiru necesita un sofá para ella sola !
¿Y por qué les cuento todo esto?
Porque hoy, Hiru y Oveja, se han comportado de manera bastante diferente que lo habitual.
Es 31 de diciembre. En estas fechas,los adultos han enseñado a los niños a quemar fuegos artificiales.
No sé si eres adulto o niño. Pero en ambos casos, si no lo sabes , quiero decirte que los fuegos artificiales, aterrorizan a todos los animales , especialmente a los perros.
Pues bien, hoy, aunque los humanos no lo escuchemos , los perros, la están pasando muy mal.
Y por eso, quiero contarles la historia de Hiru y Oveja hoy 31 de diciembre del 2020.
Para que se adentren en la historia, antes , les voy a explicar lo que es meditar.
Seguramente han escuchado esa palabra que suena complicada. Pues es muy sencillo. Meditar es , simplemente respirar y observar a la respiración.
¿Sabían que no se puede respirar y pensar a la vez? ¿ Lo intentan?
Pues las personas mayores tenemos muchos pensamientos. Tantos, que no podemos disfrutar lo que estamos haciendo en cada momento. ¿A que es increíble ? Pues bien, deben aprender a ser niños nuevamente. Porque ustedes, niños, si que se lo pasan genial cuando están jugando. A que eso es lo único que existe en ese momento? Pues los mayores, olvidamos ser niños y por eso, meditando, conseguimos estar en el instante presente al máximo.
La dueña de Hiru y Oveja ( a quien debemos ponerle nombre. A ver si nos hacen una recomendación ), medita una hora cada día.
A las perras, les gusta estar en la habitación tumbadas en su sofá cuando su dueña se retira a descansar . También, suelen hacerle compañía cuando medita, pero siempre tumbadas en su sofá.
Hoy, cuando su dueña estaba meditando, Hiru, comenzó a caminar dando vuelta al pequeño espacio que utiliza su dueña para meditar en la habitación . Algo pasaba.
La dueña, estuvo entretenida por el comportamiento de las perras que nunca antes habían causado ningún problema durante la meditación . Por eso, decidió sacarlas de la habitación. Más no había pasado ni un segundo y comenzaron a golpear la puerta porque querían volver a entrar .
Entraron nuevamente y luego de dar muchas vueltas, Hiru se echó en la manta que estaba encima de la piernas de su dueña.
Era extraño ver a Hiru allí, si su sitio predilecto es su sofá. Algo estaba ocurriendo.
Luego, se acercó Oveja y comenzó a dar con su pata golpecitos al cristal que está en la pared. Nunca había hecho algo así antes.
Hiru se levantó de donde de estaba tumbada y comenzó a caminar hacia el baño. Oveja, escarbó en la manta de yoga e incluso a golpeó los pies, en posición de meditación de su ama, hasta que se hizo un espacio exactamente a su medida.
En ese momento Hiru también se echó en la entrada del baño.
Hiru y Oveja finalmente estaban en paz absoluta.
Eso permitió a su dueña, poder entrar en un estado más profundo de meditación.
Todo se sentía tan en paz, Hiru y Oveja, eran parte de un encuentro sagrado de almas meditando.
La presencia tan cercaba de las dos perras, trajo una paz similar a la que ustedes sienten, cuando se están comenzando a quedar dormidos. ¿Pueden imaginarlo?
Su ama, entró tan profundo en la meditación, respirando a ritmo muy lento. Poco a poco, sintió que Hiru y Oveja, se convertían en una sola energía y que cuando inspiraba y expiraba, Hiru y Oveja estaban dentro de esa respiración.
Se que ustedes son niños y los mayores piensan que hay muchas cosas que los niños no entienden. Más yo sé, que ustedes, están mucho más cerca De Dios, porque de allí vinieron. Y pueden sentir cada cosa que les estoy contando.
A los adultos se nos ha olvidado nuestro origen y por eso pensamos que ustedes no pueden entender una historia como esta. ¿A que estamos absolutamente equivocados?
Hiru y Oveja, no se movieron ni un poquito durante aproximadamente 45 minutos de meditación que quedaban.
Estaban en paz. En silencio. Su miedo a los fuegos artificiales se había esfumado. ¿Cómo era posible que el miedo se hubiera ido? Realmente, los fuegos seguían sonando.
Lo que había cambiado era algo en Hiru, Oveja y su dueña. Se habían convertido en una poderosa energía de luz que estaba más allá del espacio y el tiempo. Allí, dentro de esa energía, solo había paz y amor. Nada podía perturbar ese estado.
Sonó la alarma, marcando el tiempo de finalización de la meditación. La dueña se levantó suavemente.
Más Oveja e Hiru no se movieron ni apenas un poco de donde habían encontrado su sitio.
La experiencia de amor, unión y luz fue tan grande, que los fuegos artificiales dejaron de existir, aunque sus potentes oídos siguieran escuchándolos.
Ellas, allí tumbadas solo sentían paz.
Y así, les cuento esta historia , porque nunca vi antes a perras meditando. Y mucho menos pasando del pavor absoluto a un tan hermoso estado de paz...
Y colorín colorado, estas dos perras Hiru y Oveja ya han meditado.
Madrid 1 de enero del 2021