Este año 2017 se
fue. Solo 4 números y sin embargo, cuántas cosas en un solo año.
De niño, un año
pasaba lentamente. El autobús amarillo recogía en casa, casi de madrugada, en
el colegio se comía mango verde con salsa de adobo y vinagre hasta que los
labios y las encías se desteñían hasta llegar al casi blanco.
Me llevaban a la
peluquería cada vez que mi pelo dejaba de estar con forma de “cola de pato” y
nuevamente me convertía en una niña buena de pelo corto.
Las mayores
aventuras de mi vida era ser una buena alumna para estar junio, julio y agostos
con mis abuelos en esa casa de la Calle de La Ermita de San Cristóbal, que me sirvió de inspiración para casi todo lo que escribí de niña.
Cuando eres niño,
pasan pocas cosas o las que pasan… “pasan” y son reemplazadas por nuevos
regalos de la vida. Cuando se es niño, todos los seres que amas, incluidos los
abuelos, son aún jóvenes. Cuando eres niño – excluyendo los niños que mueren de
hambre y maltratos, las guerras y tantos horrores casi desconocidos para mí -,
todo es más fácil.
Cuando llegas a
la mitad de la vida, te toca despedir a los más mayores y también a los que les
toca partir antes que tú. Eres el padre de familia y debes hacer lo imposible
porque tus hijos sean buenos y comedidos. No eres joven, no eres viejo. ERES.
Y en ese tener
que SER y ESTAR, todo se hace irresistiblemente duro.
Esto de: “que el
2017 quede atrás y el 2018 sea al menos un año de paz y salud”, ya no me parece
un deseo realista.
La vida en este
estado de adultez, nos sorprende con los sufrimientos más inimaginables.
Entonces, viene
el motivo por el que a pesar de todo lo que ocurrió este año en mi vida, debo
dar las GRACIAS a DIOS.
Si esperamos
estar en paz porque todo va bien, si condicionamos el estar felices a tener
salud, dinero y a nuestros seres queridos, si refulgimos SOLO SI, viviremos en
un sufrimiento por el resto de nuestras vidas.
Conozco solo a
una persona a quien todo le va “muy bien” y seguramente es solo porque se
reserva los pesares para ella.
El resto de
personas, pasan por muertes de familiares queridos, por dolores de alma y
cuerpo, por carencias, por falta de comida o trabajo.
Ya a estas
alturas he aprendido que el “sufrimiento” es parte de la vida. Esto de “la vida
es un valle de lágrimas” es lo más cierto que nunca he oído.
La semana pasada,
estuve en misa con todas las Hermanas del Colegio Veracruz. Hoy nuevamente
estuve allí.
Y entonces, podría
lamentarme de todo lo que ha ocurrido en mi vida este año. O por el contrario,
AGRADECER.
Decido AGRADECER.
Agradezco, por
haber decidido tomar la casa de Dios por Hogar. He deambulado por una y otra
disciplina espiritual, para volver a la Iglesia Católica que un día me bautizó.
En el 2017 fui
regalada con esta fe que he decidido alimentar. Sí, hay mandamientos. Y es que
he criado a mis hijos sin ellos y todo sería más fácil si tuviesen esa consciencia
de amor y respeto a los padres y semejantes.
Dios ha sido tan
generoso conmigo que me ha regalado que las Hermanas del Colegio Veracruz hayan
abierto las puertas de su casa a mi hijo y que a través de ellas Dios esté entrando
lentamente en su corazón. Por eso doy gracias.
El movimiento
Católico Focolar entró en mi vida y con él, seres maravillosos que nos han
ayudado a fortalecernos como Padres y como Familia.
El Padre Paco y
el Padre José Antonio están allí, como un amigo cada vez que los hemos
necesitado; para celebrar o para orar cuando la enfermedad y la muerte ha roto
nuestro corazón.
Por todo esto,
decido AGRADECER y celebrar.
El Padre Paco me
enseñó que debo pedir a Dios lo que necesite porque él es mi Padre y pedirle es
lo que hace cercana nuestra relación :
-
¿ Si
uno de tus hijos necesita algo y no te lo pide te gustaría?
Me dijo el Padre
Paco.
-
No
Le respondí
Así que este año
por primera vez le pedí algo concreto: Que mi madre sanara de esa enfermedad
que a todos aterroriza. Me regaló lo que pedí.
Más también me
explicó el Padre Paco, que cuando el Padre no nos complace, tiene sus motivos y
he aprendido que detrás de un gran dolor siempre acaba surgiendo un gran
regalo.
No he respondido
ninguno de los mensajes de feliz año o feliz navidad porque estaba dedicándome
a dar amor y cuidado a quienes me necesitaban tanto en estos momentos.
Agradezco también por tenerles a todos Ustedes en mi vida. Cada dia me dan
tanto amor amigos, tanto, ustedes son el regalo permanente de Dios en mi dia a
día. Graciaspor pensar en mi en Navidad y en el año nuevo.
Mandaré a todos,
ésta, mi historia del año 2017, por si en algo les inspira.
El sufrimiento
seguirá existiendo, más solo Dios, solo en Dios, podremos resistirlo y
seguiremos enteros para continuar viviendo, dando amor y cumpliendo la misión
que nos ha tocado vivir.
Ya las misas del
domingo no son ya para mí una de las
tantas reglas que tiene la Iglesia. Las misas son para mí ahora un regalo. El
más hermoso de los regalos en los que Dios me dice exactamente lo que necesito
escuchar a través del sacerdote.
La misa, en la
Iglesia del Colegio Veracruz, me transporta al mismísimo cielo, con esas voces
majestuosas y esos hábitos que hacen parecer que la Iglesia está llena de
pájaros blancos, con alas cubiertas de bálsamos de amor que nos acarician al
escucharlas.
Así que gracias
Padre por el 2017. Gracias a pesar de todo lo durísimo que este año ha sido.
Solo te pido
Padre, que mi fe se haga cada vez más fuerte para saber que en ti, siempre
tendré el más grande de los hombros para pedir consuelo.
Adiós 2017, no
tengo nada de lo que quejarme. Todo lo contrario:
Gracias 2017 por
haberme llevado de vuelta a mi casa…la casa de Dios. Gracias 2017 por regalarme
a cada instante con seres que me llevan en su alma como todos mis amigos para
quienes aparentemente no he regalado ni una frase de “Feliz Navidad”
Cuídalos Padre a
cada uno de ellos, como lo haces con mi familia cada día





