lunes, 22 de diciembre de 2025
Adiós Mastro. Espero tus datos para consulta desde el cielo
Luis,
Mi maestro. La máxima autoridad de mi mente. El que me enseñó a interpretar lo que sentía.
Quien me enseñó a siempre “vivir el proceso” y no escapar de él, pero eso sí, “asumiendo con responsabilidad las consecuencias”.
Aún no asimilo esta terrible noticia que me ha dado Natalia Garrido.
Porque tenerte, Luis, era tener acceso a lo más profundo de los sentimientos que ni siquiera nosotros conocíamos.
No había nada que pensara que, teniendo una terapia contigo, no se pudiese afrontar. Porque en todos los apuntes de libretas y más libretas, a través de la mitología y de los “sueños”, la prioridad número uno en consulta —cuando pocas veces en mi vida soñaba— tenía tu sapiencia de años, para conseguir atarme al mástil.
Luis, cuando estuve enterrada en un sótano muriendo de frío, me sacaste de allí. La medicina era necesaria para poder vivir el proceso y entrar en lo más doloroso de las llagas, meter el dedo a fondo.
Me enseñaste a no huir jamás. A meterme en el fango, si eso me decía lo que sentía, y meterme aún más. Gracias a ti, no escapo jamás de lo que siento, sino que asumo todos los riesgos y responsabilidades para jamás dar la espalda a mi propia esencia.
Maestro de maestros. Aún tengo esa hermosa foto que nos tomamos en uno de tus viajes a Madrid.
Ya no podremos disfrutarte en tus Cine Fórum, hombre sabio.
Aquí te hiciste indispensable para mis seres amados, y en España también tenías tus discípulos.
Bautizaste aquí tu último libro.
Luis, NO. Me niego a que te marches. Un ser como tú no puede irse. Naciste para ser eterno, porque te necesitaremos siempre y ya no sabremos a qué puerta tocar.
Porque solo a ti y solo ante ti nos poníamos sin capas para mostrarlo todo: lo que sabíamos y lo que no sabíamos, pero que simplemente escuchando cinco minutos tú reconocías y nos hacías ver.
Maestro, recuerdo tu voz a la perfección. ¿Cuántas horas y horas y horas has estado allí?
Yo : ¿y cuándo acabará este proceso tan doloroso?
Tú: Eso no lo puedo decir. Más creo que será “tu cansancio” el que lo lleve al final.
Y si mi hija te necesitaba, allí estabas. Y si mi hermana, allí estabas. Y si yo misma, siempre estabas. Porque tu palabra, para mí, era la primera y la última.
Porque eres el “maestro en mentes” más grande que he conocido.
¿Se podrán pedir consultas contigo en el cielo?
Luis, te seguimos necesitando.
Por favor, busca la manera de seguir atendiéndonos desde el cielo. Por favor. No podemos prescindir de ti.
Mis respetos, maestro.
Mis honores, pensador.
Gran hombre jungniano.
Mi amor y respeto eterno.

