Ay Rafa Escalona. Había escuchado muchos de tus vallenatos, más solo escuchado. Bailado quizás
Los vallenatos son casi todos de despedida, dolor, despecho. Cuentan historias. En eso se parecen a mi: trozos de poeta de historias contadas o vividas.
Solo debajo los metales que hay dentro de mi, están las lágrimas. No hay métodos para conseguir llorar.
Aunque hace dos navidades descubrí que las gaitas maracuchas eran mi mejor terapia de llanto. Y no conocía otra la verdad. Paraba el coche donde fuese, escuchaba gaitas y lloraba sin parar.
Como me cuesta llorar. Es casi imposible que lo haga.
Más Dios, ¿porque quien más?, me regalo la serie de “Escalona”, tintada de colores antiguos. Seguramente se hizo en blanco y negro y se medio tiñó con la tecnología.
Le di play hace pocos días. Me metí en ella. A saco, como me meto en casi todo. Porque soy intensa.
Entonces la música me sonó. Te busqué Escalona en Spotify y te encontré. Busque tu año de nacimiento : mil noviecientos veinte y algo. Te fuiste en el 2009. Viviste largo. Viviste mucho.
Entonces seguí con la serie. Iban saliendo tus canciones. Muchas me sonaban.
En la “cueva del oso” de mala muerte donde iba con Marialcira a cantar de despecho, seguro que eras el number one.
Empecé a oír hablar de la Guajira. De Venezuela, en la serie.
Mostré a Estela al elenco y me hizo ver que te representaba Carlos Vives de muchachito. Claro era Vives.
Y así me adentré en una historia de amor. Menudo pica flor que eras. Te tomé cariño. Tome cariño en pocos días a tus amigos del liceo.
Y es que cada una de tus canciones contaban una historia. Ahora tendré que comprobar que son tuyas de verdad verdad.
Hoy te escuché en Spotify. Eran las mismas canciones de la serie. Idénticas. Hasta me adelanté al capítulo en el que Pipe se había arruinado porque le quitaron todo el contrabando.
Y la serie acabó. Se te fueron Pipe y el amigo pintor y poeta. Siguiendo su voluntad le hiciste un canto. Y quemaste todos los cuadros de esa mujer que hizo que su corazón estallara de amor.
La vieja Sara pronosticó que tendrías una niña con la Maye que llamarías Hada luz. Tu dijiste que necesitaría un colchón de nubes. Entonces decidiste componer una canción. “La casa en el aire”
Supe que era el capítulo final. Porque esa es tu canción maestra.
Y así. Todos cantando, con la vieja Sara alegrándolo todo, acabó Escalona y yo lloré y lloré.
Alba está por allí muy dentro. Muy encerrada. Como la casa cerrada por ladrillos con ella dentro, que se hizo la mujer que amó a Pipe y murió también de amor.
Más a ratos. Muy a ratos aparezco. Hace dos años las gaitas y dos años después los vallenatos.
Siempre fui vallenatera. Sobre todo, cuando era una vergüenza serlo.
Se acabó la serie de Escalona y yo me quedé muy vacía. Porque me lleno con historias ajenas, que me conectan con lo que está escondido y no sale ni con cerrajeros de los mejores.
He sido capaz de escribir estas líneas. Hacía tiempo que no escribía desde la profundidad de mi alma.
Cuando escuche tus canciones Escalona, cantadas por ti y no por Vives, sabré todas las historias que hay detrás.
Te buscaré en vídeos de YouTube a ver cómo eras tu.
Buscaré el
Mapa de Colombia con la Guajira y recorreré tu camino de valle Dupar al Liceo en Santa Marta.
Sigo estando viva en versión no robótica , aún no he muerto, aunque yo misma crea que sigue viva, solo mi estatua de hielo.
Necesito urgente mi pasaporte venezolano. O voy a alimentarme de mis raíces o muero de no amor.

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