Me sentaba cada mañana a las 4:00 a trabajar en la impecable mesita de comedor de casa de mi madre.
Hay seis horas de diferencia entre Venezuela y España. Que menos que comenzar a trabajar a las 10:00 de la mañana de España .
Usé el asiento que mira hacia la ventana para trabajar cada mañana. Ese era el sitio desde donde abrí mi ordenador y le cerré a las 13/00 horas durante dos semanas.
Mi madre compró plátanos para los pájaros.¡Vaya rollo pensé!. A mí no me gustan mucho los plátanos. Ni tampoco los pájaros.
No sé si el primer día puso los plátanos mi madre en su pequeña jardinera. Tampoco recuerdo si algo llamó mi atención el primer día, el segundo o el tercero.
Ella vive en un pequeño piso que tiene su propia selva del Amazonas.
Allí en el Amazonas estuve hace 22 años. Vi despertar con mis propios ojos a todos los animales inimaginables, especialmente a pájaros que iban despertando unos a otros, hasta transformarlo todo en el espectáculo más maravilloso de colores y sonidos que nunca he visto y que espero volver a ver.
21 años después, volví a estar expuesta a la oportunidad de ver despertar a una selva, esta vez pequeña, sin monos u otros animales más grandes.
Vi cómo amanecía durante 10 días, sin poder tomar ni una foto al amanecer. Las nubes tapaba tanta hermosura.
Con la llegada de la claridad del día, se escuchaba el sonido de pájaros cantar, comenzando por un tipo hasta casi hacer un coro.
Posiblemente vinieron pequeños pajaritos y por su color, llamaron mi atención.
Pequeños turpiales, del color de los de la abuela Irma, comenzaron a amasar mis recuerdos y a afilar mi visión.
Luego, vinieron canarios amarillos y otros más oscuros a los que llaman “palomitas” no sé por qué.
Mi madre tiene una cortina siempre abierta. Esa cortina cubre, digamos una jardinera con tierra de unos 3 metros. Allí, sobre esa tierra estaba puesto un platito en forma de óvalo de cristal y encima de él, estaba el plátano.
Uno de esos días, escuché un ruido. Algo estaba detrás de esa cortina. Ese algo se movía, más no era uno de esos pajaritos que picaban un poco de plátano y salían volando aterrorizados. Esto era algo grande.
Vino a mi mente la imagen de un títere. Si, esa cortina era como el telón por el que se van asomando esos personajes hechos de arcilla y tela que nos cuentan una historia.
Primero vi un copete rojo asomarse fuera de la parte cubierta por la cortina de la jardinera. Poco a poco hizo su qparicion maestra ese títere pájaro hecho de carne y huesos. Era real. Sufrí un shock. Cuando ya se dejó ver por completo, me quedé desmayada de amor, como las princesa en las historias de hadas.
Yo de princesa tengo poco. Más debo decir que fue amor a primera vista.
¡Era un pájaro, claro!.Más yo nunca había visto un pájaro así y menos tan de cerca.
Se acercó más y estuvo al menos 3 minutos comiendo cambur que es como llamamos a los plátanos y en Venezuela.
Comencé a filmarlo, con miedo a espantarlo. Me acerqué más y más y más. Estaba ya a menos de medio metro del él. No le espanté. Todo lo contrario. Creo que a su manera él -aunque nunca me lo confesó-, también se enamoró de mí.
Después de este primer encuentro todo cambió para mí. Despertar, se convirtió en el momento más esperado del día.
Le dimos nombre al pájaro: Woody
Comencé a investigar todo sobre él.
Se trataba de un pájaro carpintero. Es cierto que su pico es enorme.
“El pájaro carpintero es una ave de la familia Picidae, conocida por su habilidad para perforar la madera con su fuerte pico, que le permite buscar insectos y larvas en los árboles. Su tamaño varía entre 20 y 59 centímetros, y presenta un plumaje vibrante en tonos que incluyen verde, rojo, amarillo y negro” Fuente: Perplexity.
Comencé a hacerme mil preguntas sobre mi amor matutino. Todas se las preguntaba a Perplexity, porque chat gtp tiene su uso restringido en Venezuela. Lo aprendí todo sobre los pájaros carpinteros.
Lo primero que quise descifrar era por qué estaba tanto rato comiendo. Y por qué podía venir hasta tres veces una mañana y no paraba de comer.
Perplexity (la herramienta de IA) y yo, tuvimos una discusión bastante intensa y acalorada sobre los hábitos alimenticios de los pájaros carpinteros.
Mi primera pregunta fue:
- ¿Los pájaros carpinteros se comen todo lo que ponen en su pico?
- Sí, me dijo. Comen y lo que no quieren lo dejan en el sitio donde estaba el alimento.
No estuve satisfecha. Mi madre y yo, basadas en intuición y observación, pensabamos que Woody transportaba comida a algún lado de la pequeña selva y venía en busca de más.
Nuevamente:
-Perplexity. ¿Podría el pájaro carpintero transportar comida para otros en su pico?
- Los pájaros carpinteros suelen comer toda la comida que almacenan en su pico.
Ya bastante confundida, le dije a Perplexity:
-Te lo pregunto por tercera vez y dame una respuesta clara:
¿ podría un pájaro carpintero almacenar comida en su pico para llevarla a sus crías?
-Si, me respondió. Disculpa por no haberte respondido correctamente antes. Que el pájaro esté llevando comida a sus crías, es una posibilidad.
Bingo, lo tenía la Palabra “sus crías” era la clave del “Promt” que no había usado. Por eso Wooody venía tan “alegremente” como dice mi madre (queriendo decir sin desparpajo) tantas veces en busca de comida, sin miedo alguno a estar tan de cerca de nosotros en casa.
La necesidad de llevar comida a sus mini Woodys era mayor que el miedo a inofensivos humanos como nosotros.
Y allí ya morí de Amor.
Woody se convirtió en el centro de mi despertar, mi mañana y mi lejana esperanza a que se acercara también, a la caída del atardecer ( los otros pájaros si venían) Nunca vino de tarde solo de mañana. Más yo lo seguía esperando realmente todo el día.
Así transcurrieron casi 10 días, desde su primera aparición, hasta mi fecha de regreso a Madrid.
Durante esos días, cada día podría ser parte de un capítulo de una historia para niños. Mi fascinación por Woody no hacía más que crecer.
El segundo día que le vi, no estaba yo sentada en la mesa. Estaba en el salón y escuché un ruido. Era Woody. Estaba pidiendo comida. Me permitió pelar el plátano y dárselo. No se movió, no se espantó. Por eso creo que también se enamoró de mí.
Esa segunda aparición, tan parecida a la de Hiru y Oveja ( nuestras dos perras Border Collie) creo que selló mi amor por Woody. Ya era parte de mi clan. Era mi mascota, como mis chicas perrunas. Y como ellas se dejaba alimentar.
Transcurrieron los días. Aprendí a amar a los pequeños canarios. También vinieron unos color azul cielo. Más ninguno me permitía apenas fotografiarlos. Todos eran asustadizos.
No os he contado algo muy importante. No sé si podré mostraros el vídeo de Woody comiendo. Es fundamental para comprender el por qué desapareció.
Woody hacía muchas morisquetas mientras comía. Mi madre dice que todos los pájaros lo hacen.
Lo cierto es que los canarios no hacían todo eso. Woody movía su cabecita como un pequeño robot pájaro, arriba, abajo, a un lado y a otro, luego picoteaba el plátano y volvía a repetir muchas veces esos movimientos robóticos preciosos.
Entendí que lo hacía para protegerse de otros posibles pájaros que pudiesen venir. Yo no le veía sentido alguno. Woody es un pájaro grande y el resto de pájaros eran diminutos.
Más al cuarto o quinto día desde su primera aparición, pasó algo asombroso y lo comprendí todo.
Mientras que Woody comía, dos pajarracos negros grandes o al menos más grandes que mi amado pájaro, se lanzaron no sé si al plátano o a Woody. El shock fue tan grande que Woody se lanzó al suelo de la casa de mi madre.
Todo sucedió demasiado rápido. Woody rebotó. Los pájaros continuaron su vuelo. Woody también se fue de vuelta a la selva.
Pude observar mejor a los pájaros que atacaron. Eran negros. Más sus colas eran hermosas. Una roja y otra amarilla. Chat gpt( ya puedo usarlo, estoy en Colombia) dice que podría ser un Pájaro cacique de pico largo o Tijereta Común.
Yo quedé contenta. Woody había pisado suelo de mi casa. Nada le habían hecho los malvados pajarracos y yo había conocido dos nuevos pájaros más.
Debo decir que fui insensible con Woody y que la consideración de lo mal que la pasó solo la hice mucho después.
Woody dejó de venir. Un amanecer, otro más, otro más. Nunca más le vería.
Estaba vacía. Alguien había llenado mi alma y no estaba más. Todas las mañanas me quedaba esperándole, como a ese primer amor que se observa en la escuela.
Una mañana apareció, más no a su hora habitual de las 7:45 de la mañana. Vino a las 11 o 12. No era el mismo Woody. Ya no me amaba. Apenas pasaba por la ventana.
Pensé que había encontrado mejor alimento. Un vecino quizás. Ya el manjar no despertaba su paladar.
Conversando con mi madre, días después valoramos la posibilidad de que fuese el miedo a los dos pájaros lo que le hubiese espantado. Así, di por cerrada mi historia de amor y pensé que tendría que inventar un final.
Más ayer, cuando venía de la habitación de mi madre, vi un copete asomarse. Eran las 17:30 de la tarde. Me metí detrás del sofá.
Todo había cambiado. Yo no era la misma. No quise hacerle fotos ni filmarlo. Solo quise mirarlo. Verlo comer. Con eso me era suficiente. Sabía que era la última vez que le vería.
Fui corriendo en silencio a la habitación de mi madre. No tuve que decirle qué pasaba. Aplaudí en silencio y sonreí.
Ella sabía que Woody había vuelto por mi cara de felicidad. Corrí de vuelta. Woody estuvo quizás 4 minutos. Me deleité mirándole y se fue. Yo fui feliz. Woody vino a despedirme.
No podría pedir más a Dios. Vino cuando estaba haciendo la maleta.
Yo voy en un avión de Cúcuta a Bogotá. Estoy dentro de un gran pájaro volador, que nos lleva por los cielos a cientos de humanos.
Llegaré a Bogotá y luego subiré a un pájaro enorme que me llevará a Madrid.
Más el amor de mi vida se quedó allí, en la Alameda donde vive mi madre.
Sé que irá a visitar a mi madre y cuando ella le vea recordará que me enamoré de un pájaro a quien ella amará también.
Y aquí acaba esta historia. Mi madre si quiere podrá regalarnos más historias cuando Woddy se acerque por allí en busca de plátano.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.